NOS OCUPAMOS DEL AMOR. SOMOS EL AMOR MISMO. Nos dejamos llevar por caminos nuevos que aunque parezcan conocidos por su comodidad y plenitud al recorrerlos, nos trae emociones que no se habían sentido, que no se habían jamás pensado. Caminos en los que muchos se antojan dispuestos; pero que no todos se atreven a recorrer con seguridad.
En ocasiones se piensa que la expresión máxima del amor es la de dos, y sin lugar a dudas el dar es totalmente una cuestión de amor (como compartir también lo es). Pero, ¿en qué momento se está dispuesto a ceder sin tener que dejar atrás el valor del individuo? El amor a sí mismo, es más bien la antesala de la experiencia que viven dos. No se puede sumar cifras en cero, no puede haber uno sin el otro; pero cuando uno u otro no se encuentran en sí, esa hollywoodense idea del amor ¡la perfecta idea del amor! (siempre personal, hermosa) no pueden tener un confort.
Hay quien se olvida totalmente de su existencia, y quiere encontrar el amor en otros, quiere que las demás personas o cosas le den la seguridad, la confianza que jamás les enseñaron procurar. Alguna vez escuche decir a una personita (literalmente) “Soy adicta al amor, amo a Ratón pero no sé, me gusta Menganito, ¡ah! pero Luisito…” jamás podía estar sola.
-Tú te quieres? - pregunte.
-“Me das un pastel rojo por favor” – contestó sin hablar más del asunto.
¿Cómo puede ser? ¿Cómo se puede amar a otro sin amarse a sí mismo, sin sentirse especial, sin sentirse amoroso, lleno de luz, de energía viva que late dentro de nosotros para los otros, para aquellos que están dispuestos a sentir el amor? No se está enamorado del otro, ni de uno mismo confundiendo egocentrismo: el amor es quien siente amor.
-Jaimito, para ti, ¿qué es amor?- pregunto a un niño en la fila del súper.
-Los brownies que me prepara mi mamá- contestó y se dio la media vuelta...